Uno
tras otro los sobresaltos y el espanto sacuden cada día desde que llegó
la primavera: 2012, según los profetas del PSOE gobernante hasta
noviembre pasado, un año para impulsar suavemente la esperanza... ¿Qué
esperanza, la de los “brotes verdes” más estúpidos? Si nos atenemos a
los hechos, tanto en Catalunya como en España los tripartitos absurdos y
el mezquino talento del PSOE encarnado por Zapatero han ofrecido un
doctorado de incapacidades, falsedades, mentiras y engaños. Nada era
como decían ser, y por consiguiente el balance post mortem iba a exponer
la turbia evidencia de un país sin líderes, sin gobernantes
responsables de su función, ni partidos que merecieran el respeto de sus
votantes según las pruebas aducidas: ricos en demagogias, fuleros en
resultados. De lo prometido exactamente lo contrario. Pero en la
hecatombe nacional nadie se libra de su parte alícuota de
responsabilidad ¿Por qué no se exigen responsabilidades? ¿Acaso basta el
voto de una mayoría para justificar el desmantelamiento de nuestro
patrimonio público? Gobernar mal es un error, pero acabar con un sistema
de bienestar -derecho adquirido por toda la sociedad laboriosa y
cumplidora de sus deberes fiscales- es, sencillamente, un delito y todo
delito debe ser enjuiciable y punible. Habrá que exterminar la impunidad
de los administradores públicos con todas sus consecuencias; o ¿acaso
será menor su responsabilidad moral y jurídica que la que atañe a los
administradores de una S.A. a las que la ley les deriva las
responsabilidades de su mala gestión o de su quiebra?
El
problema radica en la carencia de un sistema penal adecuado: no se
puede estafar a pocos (privados), pero sí a todos a la vez. Los casos
CAM, Caja Castilla-La Mancha, Banco de Valencia, Bankia, etc. señalan a
los Zaplana, Olivas, Hernández Moltó, Miquel Blesa, Camps, etc., que
guardan discreto silencio ante el bochorno de quienes no procedieron
contra ellos como sí hicieron antaño contra Mario Conde, Javier de la
Rosa, el gobernador –Rubio- del Banco de España et sic de coeteris
¿Por qué esa desigualdad de trato? ¿Acaso hundir una Caja o un Banco es
menor delito que MATESA o RUMASA en su día? ¿No estamos ante un agravio
comparativo o un trato diferencial o discriminatorio? En mi inocencia
creí que la impunidad era un privilegio exclusivo del Rey y no de la
real mangancia de esta nómina de políticos, pésimos gobernantes,
reconocidos en su desfachatez con indemnizaciones fantasmas como el
escándalo que provocan entre la ciudadanía.
Evidentemente
un Estado no provoca tanta inmoralidad, ni tanta corrupción. La
cuestión ya no es purgar lo hecho, sino reintegrar lo sustraído aunque
sea obra de contratos fraudulentos o de legalidades obtusas o
camufladas. En primer lugar, ¿para qué sirve el órgano regulador,
vigilante y fiscalizador, del Banco de España? En segundo lugar, ¿cuál
es la razón de ser de la Fiscalía: sólo perseguir a los chorizos, o
estafadores de menor nivel, de reducida cuantía?
Mis
lógicas reflexiones encadenadas nos llevarían a cuestionar el papel de
la oposición en una democracia como la nuestra. No es legítimo callar
ante el portentoso escándalo de incapacidad para gobernar, como sucedió
con ambos mandatos de Zapatero; ni es propio de políticos responsables
aguardar pacientemente, a la gallega, a que caiga del árbol la manzana
por su propio deterioro sin tomarla de propia mano antes de que esté
podrida. No sirve ya ni para zumo. Como aguardar pacientemente el
funeral del gobernante inicuo justifica la ulterior victoria por mayoría
aplastante, pues la condición cadavérica la adquirió por negligencia,
la gobernancia, el sistema, la sociedad o el Estado. Semejantes
“arriolismos” estratégicos deslegitiman la posterior apelación a la
“herencia recibida”, puesto que negligencia culposa es mentir o engañar
desde el poder, pero no menos callar desde la oposición. Así una
democracia se malbarata, y quizá en ello el clamor puede dar la razón a
la causa de los indignados, digan lo que digan esos mefistófeles salidos
del Príncipe de Maquiavelo. Es idéntica razón a la de aquel político que proclamaba: “Prefiero que me teman a que me amen” ¡Y así nos va al colectivo!
Llegada
es la hora de los estadistas ¡Dónde habitan! ¿Quiénes serán capaces de
poner en vereda a tanto banquero facineroso? Desde luego no los
políticos de este sistema que acatan dócilmente las tropelías y
arbitrariedades de esos capitalistas camuflados de gestores financieros,
especuladores de los denominados “mercados”, hurtadores de la confianza
ajena, lacayos de las transnacionales que no respetan leyes, ni
mercados nacionales, ni derechos de los inversores...la maldita
globalización nos conduce, cual corderos hacia el matadero, al
neofeudealismo. Fueron Humberto Eco y Alain Minc quienes anunciaron el
regreso a la Edad Media. Los señores feudales son ellos, los banqueros,
los gestores de las multinacionales y de los fondos de
inversión...imponen su ley de la fuerza. Los demás vasallos desnudos,
desasistidos, esquilmados: los nuevos siervos de la gleba... ¿No fueron
Marx y Engels quienes anunciaron el fin del capitalismo cuando
impusieron su ley a los mercados los oligopolios? A mí se me antoja
humildemente que en ese escenario nos movemos...a menos que resuciten
los estadistas antes de que llegue el diluvio, o la inmoralidad arrase
el espíritu y la decadencia.
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