domingo, 20 de mayo de 2012

Estadistas o el diluvio

Uno tras otro los sobresaltos y el espanto sacuden cada día desde que llegó la primavera: 2012, según los profetas del PSOE gobernante hasta noviembre pasado, un año para impulsar suavemente la esperanza... ¿Qué esperanza, la de los “brotes verdes” más estúpidos? Si nos atenemos a los hechos, tanto en Catalunya como en España los tripartitos absurdos y el mezquino talento del PSOE encarnado por Zapatero han ofrecido un doctorado de incapacidades, falsedades, mentiras y engaños. Nada era como decían ser, y por consiguiente el balance post mortem iba a exponer la turbia evidencia de un país sin líderes, sin gobernantes responsables de su función, ni partidos que merecieran el respeto de sus votantes según las pruebas aducidas: ricos en demagogias, fuleros en resultados. De lo prometido exactamente lo contrario. Pero en la hecatombe nacional nadie se libra de su parte alícuota de responsabilidad ¿Por qué no se exigen responsabilidades? ¿Acaso basta el voto de una mayoría para justificar el desmantelamiento de nuestro patrimonio público? Gobernar mal es un error, pero acabar con un sistema de bienestar -derecho adquirido por toda la sociedad laboriosa y cumplidora de sus deberes fiscales- es, sencillamente, un delito y todo delito debe ser enjuiciable y punible. Habrá que exterminar la impunidad de los administradores públicos con todas sus consecuencias; o ¿acaso será menor su responsabilidad moral y jurídica que la que atañe a los administradores de una S.A. a las que la ley les deriva las responsabilidades de su mala gestión o de su quiebra?

El problema radica en la carencia de un sistema penal adecuado: no se puede estafar a pocos (privados), pero sí a todos a la vez. Los casos CAM, Caja Castilla-La Mancha, Banco de Valencia, Bankia, etc. señalan a los Zaplana, Olivas, Hernández Moltó, Miquel Blesa, Camps, etc., que guardan discreto silencio ante el bochorno de quienes no procedieron contra ellos como sí hicieron antaño contra Mario Conde, Javier de la Rosa, el gobernador –Rubio- del Banco de España et sic de coeteris ¿Por qué esa desigualdad de trato? ¿Acaso hundir una Caja o un Banco es menor delito que MATESA o RUMASA en su día? ¿No estamos ante un agravio comparativo o un trato diferencial o discriminatorio? En mi inocencia creí que la impunidad era un privilegio exclusivo del Rey y no de la real mangancia de esta nómina de políticos, pésimos gobernantes, reconocidos en su desfachatez con indemnizaciones fantasmas como el escándalo que provocan entre la ciudadanía.

Evidentemente un Estado no provoca tanta inmoralidad, ni tanta corrupción. La cuestión ya no es purgar lo hecho, sino reintegrar lo sustraído aunque sea obra de contratos fraudulentos o de legalidades obtusas o camufladas. En primer lugar, ¿para qué sirve el órgano regulador, vigilante y fiscalizador, del Banco de España? En segundo lugar, ¿cuál es la razón de ser de la Fiscalía: sólo perseguir a los chorizos, o estafadores  de menor nivel, de reducida cuantía?

Mis lógicas reflexiones encadenadas nos llevarían a cuestionar el papel de la oposición en una democracia como la nuestra. No es legítimo callar ante el portentoso escándalo de incapacidad para gobernar, como sucedió con ambos mandatos de Zapatero; ni es propio de políticos responsables aguardar pacientemente, a la gallega, a que caiga del árbol la manzana por su propio deterioro sin tomarla de propia mano antes de que esté podrida. No sirve ya ni para zumo. Como aguardar pacientemente el funeral del gobernante inicuo justifica la ulterior victoria por mayoría aplastante, pues la condición cadavérica la adquirió por negligencia, la gobernancia, el sistema, la sociedad o el Estado. Semejantes “arriolismos” estratégicos deslegitiman la posterior apelación a la “herencia recibida”, puesto que negligencia culposa es mentir o engañar desde el poder, pero no menos callar desde la oposición. Así una democracia se malbarata, y quizá en ello el clamor puede dar la razón a la causa de los indignados, digan lo que digan esos mefistófeles salidos del Príncipe de Maquiavelo. Es idéntica razón a la de aquel político que proclamaba: “Prefiero que me teman a que me amen” ¡Y así nos va al colectivo!

Llegada es la hora de los estadistas ¡Dónde habitan! ¿Quiénes serán capaces de poner en vereda a tanto banquero facineroso? Desde luego no los políticos de este sistema que acatan dócilmente las tropelías y arbitrariedades de esos capitalistas camuflados de gestores financieros, especuladores de los denominados “mercados”, hurtadores de la confianza ajena, lacayos de las transnacionales que no respetan leyes, ni mercados nacionales, ni derechos de los inversores...la maldita globalización nos conduce, cual corderos hacia el matadero, al neofeudealismo. Fueron Humberto Eco y Alain Minc quienes anunciaron el regreso a la Edad Media. Los señores feudales son ellos, los banqueros, los gestores de las multinacionales y de los fondos de inversión...imponen su ley de la fuerza. Los demás vasallos desnudos, desasistidos, esquilmados: los nuevos siervos de la gleba... ¿No fueron Marx y Engels quienes anunciaron el fin del capitalismo cuando impusieron su ley a los mercados los oligopolios? A mí se me antoja humildemente que en ese escenario nos movemos...a menos que resuciten los estadistas antes de que llegue el diluvio, o la inmoralidad arrase el espíritu y la decadencia.

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