jueves, 16 de febrero de 2012

Liberar la sociedad civil

Escribió Orwell que “ver lo que se tiene delante exige una lucha constante”. Son demasiados los que no han querido ver lo que se nos venía encima, pero ningún colectivo ha abusado tanto de su ceguera como la clase política, los partidos que, hoy por hoy, lo monopolizan absolutamente todo: instituciones, gobiernos, empresas públicas, universidades, cultura, incluso el deporte es instrumentalizado por ellos, la información y el periodismo, y todo cuanto en la vida económica tenga algo que ver con la política, e incluso, con la banca. Los banqueros, para cubrir sus ingentes vergüenzas y despropósitos, abusaron de la lisonja con el gobierno; Botín, el maestro de todos ellos, aunque, desaparecido Zapatero, ose ahora denunciar que “la culpa de la crisis fue de los políticos”. Buen baño de cinismo.


Aun no siendo esto lo peor, se lleva gran parte de la responsabilidad esta incompetente clase política que nos ha desgobernado durante los últimos ocho años. Hubo menosprecio del talento, una persecución de la inteligencia, un obsceno exhibicionismo de la mediocridad. Lo peor de cada casa aparecía en los gobiernos de ZP. La conclusión, el desastre, desconfianza ciudadana, la perversión de la economía productiva, la ruina de empresas viables, pero que los tan asistidos banqueros se ocuparon de cortarles el crédito, con la morosidad añadida de las Administraciones y de los clientes incumplidores del pago. Sobrevivir en estas condiciones es una heroicidad. Aventuras como la de Spanair es un descomunal despropósito, un sueño en noches calurosas. Ahora bien, colegir de todo ello que la sociedad civil ha fracasado con estrépito, viene a ser una insana inconsciencia de analistas poco serios ¿Cómo va a fracasar la sociedad civil, si ha quedado intervenida, desgraciadamente, por la sociedad política? Los errados modelos democráticos europeos han confundido el poder con el dominio de la sociedad y de sus entes ¿Qué sociedad civil va a resistir el encorsetamiento de la partitocracia que fiscaliza, condiciona, impone o arruina a sus instituciones en la mayoría de sus iniciativas? ¿Cabe hablar de sociedad civil cuando muchas de estas instituciones son encabezadas por personas impuestas desde la política? Hay un exceso intervencionista, procedente de la cultura del marxismo y de la izquierda que se propone el dominio de la sociedad y sus organismos. Dicha cultura agosta no pocas posibilidades de regeneración económica y social, así como papel de los sindicatos, otra innegable prueba de lo que digo. No ayudaron a crear riqueza, sino a torpedearla con su esclerotizada filosofía de la acción reivindicativa.


El lúcido Tony Judt en su postrer libro publicado, Algo va mal, presagio de lo que estamos viviendo, escribe: “Hemos entrado en una era de inseguridad: económica, física, política. El hecho de que apenas seamos conscientes de ello no es un consuelo: en 1914 pocos predijeron el completo colapso de su mundo y las catástrofes económicas y políticas que lo siguieron. La inseguridad engendra miedo. Y el miedo –miedo al cambio, a la decadencia, a los extraños y a un mundo ajeno- está corroyendo la confianza y la interdependencia en la que se basan las sociedades civiles” (pág. 23) ¿No es, acaso, su diagnóstico un retrato de cuanto sucede? Era de ver que este desnortamiento del miedo alcanzaría a la entera sociedad, huérfana de liderazgos, intervenida políticamente, desarraigada de las instituciones sociales que en el siglo XIX y XX estructuran la vida cotidiana e incluso el poder, antes de que los partidos se atribuyeran la exclusiva. Algunos hoy se quejan de la inexistencia de la sociedad civil o de su inanidad ¿Dónde quedan sus márgenes para actuar? ¿Cuáles son sus condiciones para el liderazgo social, si todo lo subvencionado está intervenido? ¿Quién se empeñará en producir al margen de las subvenciones? Como en el caso Spanair, incluso aquellas instituciones de la sociedad civil que se empeñaron en este sueño o están mediatizadas por las Administraciones Públicas o los partidos. No apuestan su dinero, sino que aportan dinero avalado por el Institut Català de Finances o por las Administraciones autonómicas o municipales. Obviamente, nadie va a jugar cuando le han arrebatado el campo de juego o le han condicionado con reglas de juego que impiden la libertad de iniciativa. En el siglo XIX, sí fue activísima y lideró la revolución industrial, acaso, porque tenía la iniciativa y los impuestos eran escasos. La burguesía se veía en el deber de retornar a la sociedad parte de sus rentas mediante fundaciones, museos, universidades, hospitales, iniciativas públicas que la acreditaban y le otorgaban respeto. Pero con la penetración del socialismo marxista en Europa, ese fenómeno feneció. De ahí que hoy sea conveniente potenciar las iniciativas individuales de la sociedad civil, si queremos salir de este marasmo caótico.

1 comentario:

  1. he visto su entrevista con Jordi Evole y admiro su forma de hablar y como ha roto con el pasado y como dice las verdades sin importarle lo que los de su expartido puedan decir. Es usted un verdadero democrata. Ojala la politica española la dirigieran gente honrada como usted. Reciba mi cordial felicitación

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